Johan & Carolina
Nuestra Historia
Todo comenzó en Konecta, donde eran compañeros de trabajo de esos que uno sabe que existen porque aparecen en videollamadas, pero casi nunca ve en persona. Pocos días después de que Carolina entrara a la empresa, descubrió lo sexys que se veían las piernas de Johan debajo de un vestido. Hubo una fiesta de disfraces, el quipo de Johan se disfrazó de circo y él muy comprometido acepto disfrazarse de mujer barbuda. El de Carolina era Scooby-Doo, así que ella vino de Vilma. Pasó casi un año antes de que volvieran a verse, y cómo no, en otra fiesta de disfraces. Ese mismo día Carolina recorría los puestos vendiendo pines, hasta que llegó al de Johan. Según ella, fue Johan el que quedó enloquecido por los hoyuelos que se le forman en las mejillas cuando sonríe, y desde ese día no dejó de pensar en Carolinita. En cambio, a ella simplemente le pareció simpático. Lo que Carolina no menciona es que esos hoyuelos aparecieron con la risa nerviosa que no podía disimular. Aun así, Johan tardó casi otro año en dar el primer paso. Y no fue por valentía: hizo falta que Carolina terminara hospitalizada y que una compañera descuidada proyectara un WhatsApp en videollamada para que el hombre encontrara por fin una excusa para escribirle. Muy oportuno él. Johan, con un plan romántico, le preguntó como se encotraba y entre conversaciones un día le preguntó si le gustaban las flores amarillas. Carolina, emocionada, se convenció de que le llegarían flores. No llegó nada. Ni un pétalo. Resulta que ella se la pasaba mandando stickers de girasoles y él simplemente tenía curiosidad. Una encuesta. Nada más. Pero esas flores imaginarias hicieron su trabajo: visitando a sus padres, Johan vio unos girasoles en el jardín y pensó en Carolina. Esa compañera a la que tanto le gustan los girasoles. Siguieron los mensajes, hasta que surgió la primera excusa para verse. Johan había presumido, muy orgulloso, de su aguapanela. No una pasta, no un arroz, nada especial. Aguapanela. Pero eso no echó para atrás a Carolina — como Johan le parecía buena gente, le preguntó muy resuelta, cuándo me va a invitar a esa aguapanela. Mucha atrevida. Esa aguapanela fue el principio de todo: salidas, conversaciones eternas, peleas de las buenas, reconciliaciones de las mejores, y más de un momento en que cada uno le pidió Diosito llevatelo. Pero ninguno se fue. Se siguieron aguantando, y entre todo ese caos de risas, diferencias y tormentas, sin darse cuenta, terminaron construyendo una historia juntos. Así que aquí estamos: Vilma y la mujer barbuda están a punto de casarse. Quién lo iba a creer.
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Sábado 8 de Agosto de 2026 · 8:00 am
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Antes del sábado 15 de julio de 2026